En el mundo de la danza contemporánea, la conexión entre el cuerpo y la mente es fundamental. Cada práctica se convierte en una exploración íntima de nuestras sensaciones y emociones, un viaje que nos permite comprender mejor nuestro ser.
Al entrar en una clase de danza, la primera sensación que me invade es la del espacio donde yo trabajo diariamente.El suelo bajo mis pies se siente como un soporte firme, y la gravedad me recuerda que cada movimiento es una danza con la tierra. A medida que me muevo, las tensiones acumuladas en mi cuerpo empiezan a liberarse. Por ejemplo, al realizar un ejercicio de apertura de caderas, siento cómo las rigideces se disipan y, con ellas, una nueva fluidez en mi movimiento. La conciencia corporal se vuelve más aguda; empiezo a notar áreas que necesitan atención, como mis hombros que tienden a elevarse por el estrés diario.
Pues la danza no solo se trata de técnicas o pasos; también es un canal para expresar emociones. Durante una improvisación, me sorprendo sintiendo alegría, tristeza y liberación, a menudo en un solo movimiento. En un momento, la alegría me lleva a saltar y girar, mientras que, en otro, una tristeza inexplicable me hace detenerme y reflexionar. Es asombroso cómo las emociones se manifiestan físicamente; la tristeza a menudo se siente como un peso en el pecho, mientras que la alegría fluye como ligereza en mis extremidades.
Al permitir que estas emociones surjan, la danza se convierte en un espacio seguro para procesar lo que llevo dentro. La vulnerabilidad que se siente al bailar, expone no solo la técnica, sino también lo que somos en nuestro núcleo.
Un poco reflexionando sobre estas experiencias, me doy cuenta de que cada sesión de danza me enseña algo nuevo. Aprendo a escuchar mi cuerpo y a reconocer cómo mis emociones influyen en mi movimiento. Esta toma de conciencia me ayuda a cultivar una práctica más auténtica y libre de juicios, donde el foco no está en la perfección, sino en la conexión genuina con mi ser.
Como bailarín/a contemporáneo/a, mi intención es seguir explorando esta relación entre el cuerpo y la mente. Quiero profundizar en la respiración, en cómo puede influir en la intensidad de mis movimientos y en cómo me siento en los puntos que yo danzo es más libre y expresivo . La danza es un viaje continuo de descubrimiento, y cada práctica me acerca un paso más a comprender mi propia narrativa corporal.
En resumen, las sensaciones y emociones somáticas en la danza contemporánea son herramientas poderosas para el autoconocimiento y la expresión. A través del movimiento, me permito sentir, sanar y conectar con lo más profundo de mí. Espero que al compartir esta reflexión, otros también se animen a explorar su propia danza, a permitir que sus cuerpos hablen y a abrazar las emociones que surgen en el proceso de cada clase o de cada etapa .