El cuerpo que aprende a escuchar
“Había una vez un cuerpo que siempre había sido dirigido, guiado y moldeado por las expectativas de otros. Aprendió a caminar rápido, a sentarse derecho, a seguir reglas de movimiento que parecían inevitables. Pero en el fondo, ese cuerpo sentía una inquietud: ¿y si hubiera algo más allá de estas normas?
Un día, el cuerpo escuchó un susurro, como si viniera del interior de sus propios huesos. Era una voz suave que le decía: «Detente. Escucha. No te muevas solo por moverte». El cuerpo, curioso, decidió hacerle caso. Por primera vez, dejó de obedecer a los ritmos externos y comenzó a sentir lo que estaba ocurriendo dentro.
Descubrió que su respiración tenía un ritmo propio, que su piel sentía la temperatura del aire y que su peso podía cambiar dependiendo de dónde apoyara los pies. Era como si estuviera leyendo un cuento secreto que siempre había estado escrito dentro de él, pero que nunca antes había tenido tiempo de descifrar.”
CONTEMPO
BALANCEO
Durante el taller con VAYA, el movimiento de balanceo surgió como un elemento clave en mi exploración corporal. Este gesto, aparentemente simple, cobró una nueva dimensión al integrarlo con las estructuras de partnering que trabajamos. Me di cuenta de que el balanceo no es solo un movimiento repetitivo, sino una conexión directa entre el peso, la energía y la comunicación con el otro.
En mi cuerpo, el balanceo se convirtió en un espacio de preparación y escucha. Cada vez que balanceaba mi peso hacia adelante o hacia atrás, sentía cómo mi cuerpo encontraba un eje, una estabilidad dinámica que me permitía responder a los impulsos del otro. Fue como un diálogo, donde cada oscilación llevaba un mensaje: confianza, entrega, pausa o acción.
El taller también me hizo reflexionar sobre la naturaleza del balanceo como una transición. En el partnering, este movimiento se transformó en un puente entre una posición inicial y una estructura más compleja. Por ejemplo, al entrar en un apoyo compartido o al generar un impulso para un levantamiento, el balanceo me ayudó a sentir y anticipar el movimiento del otro cuerpo, creando una conexión fluida y orgánica.
En mi movimiento personal, el balanceo se volvió una herramienta para explorar mi relación con el espacio y la gravedad. Descubrí que podía jugar con su ritmo, amplitud y dirección, permitiéndome conectar con diferentes estados físicos y emocionales. Un balanceo lento y amplio me traía calma y arraigo, mientras que uno rápido y corto despertaba energía y dinamismo.