El taller de esta semana fue una experiencia reveladora, especialmente al abordar el tema del partnering y su relación con el movimiento contemporáneo. Aunque hemos trabajado previamente con Contact Improvisation, me di cuenta de que el partnering tiene un enfoque distinto, más estructurado y dirigido hacia la composición y creación en conjunto. Mientras que el Contact Improvisation se define por la adaptabilidad y la fluidez de lo que emerge en el momento, el partnering parece requerir un entendimiento más claro de estructuras preestablecidas y una comunicación corporal precisa entre las partes involucradas.
Uno de los desafíos más evidentes fue navegar entre estructuras «conocidas» pero aprendidas desde distintos contextos. Por ejemplo, en las clases con David ya habíamos trabajado ciertas formas similares, pero ejecutarlas en el taller resultó complejo debido a las diferencias en técnica y metodología. Aspectos como el uso del peso, la posición del cuerpo o la manera de entrar y salir de la estructura cambian según el enfoque del instructor o el contexto en el que se enseñan. Esto me llevó a reflexionar sobre cómo el movimiento contemporáneo se alimenta tanto de la técnica como de la capacidad de adaptarse a diferentes lenguajes y perspectivas.
En el taller, el partnering se presentó no solo como una cuestión técnica, sino también como un acto de confianza y diálogo constante. Aprendí que no se trata solo de ejecutar movimientos, sino de establecer una conexión profunda con el otro, donde la escucha activa y la atención son fundamentales. Esta interacción me hizo cuestionar cómo percibo mi cuerpo en relación con el de los demás y cómo estas relaciones pueden expandir las posibilidades de creación.
El movimiento contemporáneo, tal como lo viví en el taller, es una técnica de improvisación y sensibilidad. Me di cuenta de que trabajar con estructuras conocidas no significa renunciar a la creatividad, sino encontrar nuevas formas de habitarlas y resignificarlas. A través del partnering, comprendí que el movimiento contemporáneo no busca respuestas definitivas, sino preguntas que nos permitan explorar los límites de nuestro cuerpo y nuestra relación con el entorno y con los demás.