El proceso de la memoria del cuerpo

Esta semana me he encontrado con una serie de descubrimientos que han cambiado la forma en que veo el movimiento, tanto en su complejidad como en su simplicidad. En clase, las frases que usualmente nos resultan enigmáticas, esas que parecen tener una estructura imposible de dominar a primera vista, adquirieron algo de claridad. No es que haya sido sencillo en su totalidad, pero hubo un giro, un «truco» de percepción que hizo que todo se sintiera más cercano, como si una parte del conocimiento ya estuviera dentro de mí esperando ser despertada. Al final, al lograr ejecutar los movimientos, me sentí sorprendido, no solo por el resultado, sino por la facilidad con la que mi cuerpo comenzó a coordinarse cuando dejé de intentar forzar las cosas.

Lo que me dejó esta reflexión fue que, a menudo, el verdadero obstáculo no es la complejidad del movimiento, sino nuestra propia actitud frente a él. Es curioso cómo la mente tiende a sobrecargar las tareas que percibe como difíciles, cuando en realidad, muchas de esas dificultades provienen del miedo al fracaso o de la necesidad de tener el control absoluto sobre el cuerpo. En el movimiento contemporáneo y en la práctica somática, esto se vuelve especialmente evidente: las técnicas de relajación, respiración, conciencia corporal y exploración libre del espacio permiten que el cuerpo se libere de las tensiones mentales que lo limitan.

SOMÁTICO

En la somática, cada movimiento es una oportunidad para escuchar al cuerpo, y el balanceo es un acto perfecto para cultivar esa escucha. Nos invita a prestar atención al centro de gravedad, a las pequeñas tensiones y liberaciones que ocurren en cada oscilación. No se trata de simplemente mover el cuerpo hacia adelante y hacia atrás, sino de percibir la sutil interacción de músculos, huesos y tejidos que hacen posible ese movimiento. Es como un sutil recordatorio de que el cuerpo no está separado de sus sensaciones, sino que es un sistema integral en el que todo está conectado.

El balanceo también tiene un aspecto profundamente introspectivo. Al balancearnos, no solo estamos buscando un equilibrio físico, sino también un equilibrio emocional y mental. El movimiento se convierte en una metáfora de la vida misma: a veces nos sentimos centrados y firmemente anclados; otras veces, nos soltamos y nos dejamos llevar, confiando en que podemos volver al centro sin caer. Este proceso de subir y bajar, de oscilar entre momentos de estabilidad y desequilibrio, refleja nuestras propias fluctuaciones emocionales y psicológicas. En el balanceo, el cuerpo nos enseña que el equilibrio no es un estado fijo, sino un proceso continuo de ajuste y reajuste.

Publicado por Francisco Herrera

“A través del movimiento cada paso es una imagen de libertad y creatividad “

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar