El cuerpo en danza contemporánea es un territorio que revela, en cada sesión, las complejidades de habitarse y moverse. Durante este proceso, me he encontrado frente a un espejo donde los saltos y las paradas de manos aparecen cada vez más como elementos esenciales en los fraseos. Estos movimientos, que parecen exigir tanto técnica como confianza, no han sido mi punto más fuerte. Admitir esto no es sencillo, especialmente cuando de Niño soñaba con volar como trapecista, con esa ligereza y seguridad que hoy percibo como lejanas.
Sin embargo, a lo largo del tiempo, he comenzado a comprender que la dificultad no reside únicamente en lo físico, sino también en lo mental. Existen momentos en los que el cuerpo se aferra a patrones o «mecanismos de defensa» que no necesariamente nos conducen al movimiento deseado. Estos mecanismos son resultado de años de aprendizaje, experiencias y a veces incluso miedos que se alojan en el cuerpo. Desaprender estos patrones para abrir espacio a nuevos caminos se convierte, entonces, en un reto tanto corporal como emocional.
Somática
En este proceso de reaprendizaje, la somática ha jugado un papel fundamental. Este enfoque, que invita a una escucha activa del cuerpo, me ha permitido identificar las tensiones y resistencias que se manifiestan al intentar nuevos movimientos. Por ejemplo, al practicar las paradas de manos, descubrí que mi tendencia a tensar los hombros y el cuello me impedía encontrar la alineación necesaria para sostener el equilibrio. A través de ejercicios somáticos, he comenzado a explorar formas más orgánicas de moverme, buscando un equilibrio entre esfuerzo y fluidez.
Uno de los ejercicios que ha marcado una diferencia significativa es el uso de la respiración como guía para preparar y ejecutar movimientos complejos. Al integrar la respiración con la acción, no solo encuentro mayor estabilidad, sino también una sensación de confianza en mi capacidad para sostenerme en el espacio. Esto me lleva a reflexionar que muchas veces no es el cuerpo el que falla, sino la mente, que se aferra al temor de caer.